“El Final” por Rubén Magrazó Palos

Cuentan los mayores que la noche del Viernes Santo en Calanda ya no es lo que era. Los que tenemos “cierta edad” nos hemos ido dando cuenta de que no les falta razón, aunque aún se mantiene intacto el ritual de salir a tocar la noche del Viernes Santo. La plaza de España se suele llenar alrededor de la una de la mañana, y algunas cuadrillas recorren las calles del pueblo durante esas horas que, para mí, suponen un punto de inflexión en la Semana Santa de Calanda… La interminable espera durante meses para que llegue la noche del Jueves Santo, hace que te precipites en una vertiginosa montaña rusa que continúa con “la Rompida”, “el Pregón” y “la Soledad”.

Finalización de Redobles -Semana Santa Calanda 2018 - Foto de José Quintana Merino
Finalización de Redobles -Semana Santa Calanda 2018 – Foto de José Quintana Merino

Ya quedan pocos que aguanten toda la noche tocando, el que más o el que menos se acuesta unas horas. La Procesión del “Santo Entierro” no perdona, y hay que pensar en que todavía queda el último “esfuerzo” por realizar. El final se acerca… Suena el despertador y sin perder mucho tiempo voy bajando a la iglesia. En mi caso recorro buena parte del pueblo, los amaneceres de Sábado Santo suelen ser frescos y la túnica no molesta. Apenas queda gente tocando y, suele ocurrir, que algún visitante despistado pregunta por la hora de la procesión… al llegar a la plaza San Miguel el sonido de los tambores se hace más fuerte. Las túnicas y terceroles morados empiezan a organizarse al son del toque de la procesión.

Semana Santa de Calanda - Finalización de Redobles 2018 - Foto de José Quintana Merino
Semana Santa de Calanda – Finalización de Redobles 2018 – Foto de José Quintana Merino

El ambiente de la iglesia no es como la tarde del Viernes, se accede con menos antelación, hay mucha menos gente y el cansancio va haciendo mella en las caras. Últimamente no me quedo a la lucha del Longinos, pero durante muchos años era un acto imprescindible, que no me quería perder: El sonido de la banda de música, de las armaduras, el tambor de los putuntunes y la impresionante figura del Longinos dominando, siendo el protagonista en esos minutos de silencio y choque de metales.

En estos momentos ya solo pienso en “El final”. Antes hay que pillar fuerzas, así que sin perder mucho tiempo acudo a la peña taurina dónde ya se está preparando el almuerzo. La mayoría de los cofrades acuden a este acto, sin duda, el más participativo de los que organiza la Cofradía. El espíritu de la Semana Santa de Calanda se resume en esa media hora de reencuentros, compañerismo y conversaciones sobre tambores y bombos. Pero el final no perdona y hay que volver a la Plaza.

Semana Santa de Calanda - Finalización de Redobles 1996
Semana Santa de Calanda – Finalización de Redobles 1996

En mi caso la tradición es terminar con mi cuadrilla de amigos. Miras a tu alrededor y ves las mismas caras de siempre y las que desgraciadamente no están, también las veo. Se repiten los mismos rituales y el tiempo pasa lentamente hasta que suenan las cornetas diez minutos antes del Final, para volver a recordar que sin un cura Calandino llamado Vicente nada de esto sería igual. Se reanuda tocando la palillera los pocos minutos que nos quedan, las fuerzas escasean porque queremos que así sea, lo deseamos, se necesita…  Hay que hacer el último esfuerzo, miradas, gestos, emoción…  y El Final. Otra vez comienza de nuevo.

Rubén Magrazó Palos

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