Calanda

Villa de la provincia de Teruel, situada en la confluencia de los ríos Guadalope y Guadalopillo, justo cuando éstos dejan las zonas montañosas y penetran en la Tierra Baja o Bajo Aragón, en la actualidad supera los 3.800 habitantes.

Con Kolenda se denominó el primitivo núcleo de población celtíbero que dio posteriormente origen a Calanda. A los visigodos debemos el magnifico legado de enlosados y tumbas guerreras en “Castiel” y la partida de “Tejerias”.

“Castiel” adquirió gran importancia en le época romana ya que por el citado cabezo transcurría una vía que enlazaba Caesaraugusta con Córdoba. Prueba de este asentamiento romano lo encontramos en los hallazgos de piezas y monumentos que se descubrieron en los alrededores del cerro, también a un extraordinario mosaico descubierto en la partida de “Albalate” en 1964.

Con la invasión árabe, se forma un núcleo de población alrededor de un castillo actualmente desaparecido, separando la población cristiana de la mora, estos últimos se asentaron en el barrio de las “Cantarerías” desarrollando oficios tan artesanales como la alfarería.

El pueblo árabe marcó profunda huella en la realidad de la población, conocido es por todos, que data de esa época la canalización de riegos y conductos hidráulicos de que disfrutamos en la actualidad.

Es en 1119 cuando Alfonso I “El Batallador” reconquista Calanda, sin embargo, la conquista definitiva fue en el bienio 1169-1170, reinando Alfonso II.

Tiempo después, otorga la Orden de Calatrava la Carta Puebla de 1360 y en 1388 logra Calanda el deslinde de los términos con los de Alcañiz. La difícil convivencia en la localidad entre árabes y cristianos debido a las discrepancia religiosa hace que en 1610 los moriscos salgan de Calanda, este hecho repercutió gravemente tanto en la localidad como en el resto de país. Sin embargo, a la muerte de don Martín vuelve Calanda a la Orden, que él otorga en 1628 su segunda Carta Puebla. Mientras la carta de 1360 no pasó de colocar a la villa en una medianía económica, la de 1628 llevó a Calanda a una prosperidad alcanzada su unidad política y religiosa con sólo el elemento de cristianos viejos y unos pocos moriscos conversos.

En 1640, tiene lugar en Calanda un hecho muy significativo que marcará profunda huella en la vida religiosa de la villa, Miguel Juan Pellicer Blasco, vecino de Calanda, tras años de solicitar limosna en Zaragoza decide regresar a su Calanda natal, allí en la noche del 29 de marzo de 1640 por intervención de la Virgen de Pilar, le es restituida la pierna derecha que le había sido cortada años atrás. Tras numerosas investigaciones la iglesia pronuncia el 27 de abril de 1641 el hecho como Milagro.

Los siglos XVIII y XIX fueron muy agitados por las continuas luchas en todo el país y que naturalmente hacen mella en Calanda, Guerra de sucesión, Guerra de la Independencia…

Recorriendo y conociendo Calanda:

Dentro del entorno religioso, siguiendo el itinerario por el núcleo urbano nos encontramos con el Templo del Pilar, donde nos explica la historia que como consecuencia del Milagro se edificó una Ermita a la Virgen , contigua a la casa de Pellicer, que en sucesivas ampliaciones dio lugar a lo que actualmente es el Templo del Pilar, obra barroca de mampostería (en los brazos del crucero se pueden apreciar medallones alusivos al famoso Milagro de Pellicer). Está construida en ladrillo salvo un zócalo de sillería en la portada.

La iglesia de Nuestra Señora de la Esperanza, construcción barroca del siglo XVIII de ladrillo y cantería. Es curioso señalar la ausencia de campanario sustituido por una espadaña.

Siguiendo la línea de edificios religiosos debemos destacar la Ermita de Santa Bárbara y San Marcos, la Ermita de San Blas y la más antigua, la Ermita del Humilladero, ésta se debió edificar junto o en el lugar de un “Humilladero”, “Peirón” o cruz de término que se alzaba en aquella entrada al pueblo.

El denominado “Convento del Desierto” no es otro que un convento construido por los P. Carmelitas Descalzos en 1682 en un extenso pinar, no en un desierto como sugiere su nombre. Desgraciadamente en 1835 los últimos carmelitas partieron para siempre, encontrándose en la actualidad en ruinas.

El ex-convento de Capuchinos, edificio barroco inaugurado en 1750, sufre diversas vicisitudes; tras ser abandonado en 1835 pasa a manos de los P. Carmelitas en 1912, en 1950 el Convento queda clausurado y afortunadamente es adquirido años después por la Corporación Municipal y con gran acierto acondicionado para Casa de Cultura en la actualidad.

El carisma religioso de la Villa viene también reflejado en la capilla abierta de San Roque, el llamado “Arco de San Roque”, se trata de un antiguo portal de entrada al municipio.

La casa consistorial, el Ayuntamiento, se alza en la Plaza de España, edificio aragonés renacentista, se aparta del estilo seguido en la comarca al no poseer lonja. En su fachada lateral izquierda encontramos unos frescos de estilo rococó, medallones al óleo estucados dedicados a D. Francisco Cascajares, remarcándose la fecha de 1704.

Los edificios civiles más sobresalientes dentro del conjunto de la población se encuentran bien encuadrados en un mismo contorno, calle S. Miguel a calla Mayor y adyacentes, destacaremos la Casa Allanegui, casa solariega de grandes dimensiones, sita en Plaza de la Hoya, asimismo la Casa Fortón Cascajares, se trata de un edificio de estilo neoclásico de gran importancia en el conjunto de la población, destacaremos también la casa solariega de Sancho-Izquierdo situada en la misma calle mayor.

La Casa buñuel gran edificio emplazado en la misma plaza de España, perteneciente a la familia Buñuel y donde en numerosas ocasiones se instaló temporalmente el genial cineasta calandino.

De manera general podemos apreciar portales de medio punto con relieves en los sillares de distintos edificios civiles de la Villa.

Grandes construcciones y merecedoras de una visita son “Los Arcos”, acueducto sobre el río Guadalope de construcción árabe como se puede apreciar en su ligera forma de herradura en sus arcadas y “Puente Nuevo”, acueducto – viaducto construido en 1787 sobre las aguas del río Guadalope. Estos dos elementos forman un magnífico acorde con el entorno natural presente en la zona. El pantano es el que regula los riegos de la famosa huerta calandina, productora del excelente melocotón “Tardío de Calanda”, cuyo cultivo se remonta a más de 40 años, mediante un cuidadoso y artesano proceso de elaboración, embolsado con papel translucido uno a uno los frutos en el árbol de forma manual, durante los meses de junio y julio, para proceder en septiembre y octubre a la recolección del melocotón en su punto óptimo de color y maduración. La producción agrícola, aunque se centra principalmente en este producto, no desecha la aceituna, la almendra, ni el cereal. En la actualidad tanto el melocotón de Calanda como el aceite de oliva del Bajo Aragón tienen su propia denominación de origen.

La ganadería juega asimismo un papel en el sistema económico calandino, sin embargo, es el sector industrial el que parece que desea despegar de una especie de letargo al que ha sido sometido.

Comentaremos, como no, los oficios de gran arraigo dentro de la población, la alfarería, singular manera la de trabajar el barro que se hacía en Calanda, desgraciadamente esta tradición y oficio se está perdiendo.

La cestería también ha tenido importancia en la localidad, pero al igual que la anterior ha ido decayendo hasta casi desaparecer. La fabricación artesanal de tambores y bombos, sustituyendo en la actualidad la tradicional piel de cabra por sofisticados parches.

Calanda celebra sus fiestas mayores, en honor a su patrona la Virgen del Pilar, el 12 de octubre, sin embargo existen fechas muy señaladas en nuestro calendario como es el Día del Milagro, 29 de marzo, sus fiestas de verano en honor a San Roque, donde tiene lugar una tradicional carrera pedestre, “Las carreras de pollos” como se les conoce en el entorno del pueblo.

Dentro de nuestro arraigo aragonés, no podemos olvidar mencionar la Jota, esta manifestación de estilo elegante y señorial como la han definido numerosos expertos en esta materia.

El Coro de los despertadores continúa con la antiquísima tradición religiosa de exteriorizar y hacer partícipe a toda la población de sus creencias, cantando diversas coplas en las fechas de especial denotación religiosa (Reyes, Milagro, Pilar, etc.)

Como hijos ilustres que ha dado la población, remarcamos especialmente al Cardenal Cascajares, a Gaspar Sanz, que con su obra “Instrucción sobre la Guitarra Española” sienta las bases para un estudio profundo sobre guitarra.

En el siglo pasado no olvidamos la figura del genial cineasta Luis Buñuel, que como dice el Padre García Miralles “es un español de pies a cabeza que lleva metida en lo más hondo de su ser a su Calanda natal”.

Una de las principales actividades que tuvieron lugar en la celebración del centenario del nacimiento de Luis Buñuel, en el año 2000, fue la rehabilitación del antiguo palacete de la familia Fortón-Cascajares en el “Centro Buñuel Calanda”. El CBC se está configurando como un centro de referencia, tanto para los entendidos en la obra de Buñuel, como para la gran mayoría que quiera tomar contacto con el artista calandino y el entorno que tanto le marcó en su vida y en su obra.

Calanda ofrece una variada gastronomía destacando platos tan apetecibles como “Pastel de pimiento y tomate”, “pastel de patata y bacalao”, “brazo de gitano”, “tornas de sartén”,…