Semana Santa de Calanda

Leyenda

La leyenda cuenta que en la primavera del año 1127, cuando los cristianos calandinos estaban celebrando los actos religiosos de la Semana Santa, ignorando que una tropa árabe se aproximaba para invadir la población.Un pastor que cuidaba un rebaño, al ver la galopada, empezó a golpear su tambor avisando así del peligro; esta señal fue oída por otro pastor que a su vez hizo lo mismo, hasta llegar el mensaje a los vecinos, que enseguida se refugiaron. Aquí acaba la leyenda que da paso a la historia. Los pastores se reunían todos los años en Semana Santa para tocar, pero en 1550, frey Pedro Merlo, religioso de la Orden de Calatrava, prohibió la celebración por no encontrarla propia de la conmemoración religiosa que tenía lugar esos días.

No se volvió a tocar hasta 1640, cuando la intercesión de la Virgen del Pilar, a un vecino de Calanda le fue restituida milagrosamente una pierna que años atrás hubo de serle amputada. Toda la población marchó jubilosa hasta llegar a la imagen de una Virgen que había a las afueras del pueblo; y los pastores también asistieron a aquella procesión tocando el tambor, iniciativa que gustó mucho. Además en aquel momento el Vicario era un calandino llamado José Herrero de Tajada y Royo; bajo sus auspicios se creó una Guardia Romana a la que dotó de una pequeña banda de tambores. Todo esto fue adquiriendo cada vez más auge hasta llegar a convertirse la actividad de tocar en una costumbre. Durante la primera mitad del siglo XX, otro sacerdote, mosen Vicente Allanegui, también calandino, organizó las procesiones y dio a la percusión un significado: “como simbolizando el duelo impresionante de la naturaleza ante la muerte del Creador, un redoblar de tambores rompe en Calanda el silencio del mediodía”.

Antecedentes históricos

Al carecer esta Villa de estudios históricos relacionados con el origen de los tambores de Semana Santa, no se pueden dar datos sobre estos ritos y costumbres que en opinión de los más ancianos del lugar existen desde siempre, porque así se lo habían manifestado sus padres y abuelos que ya tocaban el tambor.

Sin embargo hay plena constancia de ciertos hechos que debieron tener una notable influencia sobre los redobles y los desfiles penitenciales de Viernes Santo.

Sometidos los moriscos, los cristianos de Calanda tienen la imperiosa necesidad de exteriorizar sin peligro el culto religioso, y así surgen las procesiones, siendo la primera de ellas la que salió de la antigua parroquia el día 15 de mayo de 1595 para bendecir e inaugurar el Calvario de Santa Bárbara.

Unos años más tarde, un suceso acaeció el 29 de marzo de 1640 vino a turbar la pacífica vida de los habitantes del pueblo. Ese día tuvo lugar un hecho sobrenatural por que le fue restituida una pierna, que años antes había sido cortada al vecino Miguel Pellicer. Alarmada la iglesia por este extraño suceso se incóo a instancias del Cabildo de Zaragoza un proceso eclesiástico y finalmente, el 27 de abril de 1641, el Arzobispo de Zaragoza, D. Pedro Apaolaza, dictó sentencia pronunciando que el suceso fue un milagro.

En el año 1643 surgen los “Putuntunes”, guardia romana cuya misión es velar el Monumento y desfilar en la procesión del Santo Entierro, los “Putuntunes” dependen de la cofradía del Santísimo cuya fundación se remonta a comienzos del siglo XVII. En esta época guarniciones militares convivieron bastantes años con el vecindario enseñando los soldados el manejo del tambor que lo utilizaban en desfiles y acompañamientos funerarios.

El 22 de septiembre de 1682 los carmelitas comienzan la construcción del Convento del Desierto y en el año 1750 los capuchinos se instalan en el convento de San Antonio de Papua. Estos frailes, franciscanos descalzos, fueron los primeros que llevaron el “tercerol” o gorro con que se cubrían la cabeza.

Todos estos acontecimientos, unidos al establecimiento de órdenes religiosas, fueron forjando el espíritu cristiano de la Villa, plasmado en las austeras celebraciones de la Cuaresma, en los sermones del “Lavatorio” y en las prácticas de los rezos del Vía Crucis.

Según describe Luis Buñuel en el libro de sus memorias titulado “Mi último suspiro”, el origen de los tambores hay que situarlo a finales del siglo XVIII.

El Historiador local mosén Vicente Allanegui afirma en el manuscrito de la “Historia de Calanda” que en 1856 se tocaba el tambor, existiendo documentación de unos asientos de contabilidad de la Cofradía del Santísimo, en el que aparecen facturas por la compra de varias pieles para telar parches de tambores que repicaban en Semana Santa.

Semana Santa de Calanda

La villa de Calanda, que ha tenido la suerte de contar con muchos acontecimientos históricos, donde dejaron impronta huella los árabes, moriscos y cristianos, cultiva en su tierra el melocotón tardío y produce uno de los mejores aceites del mundo, ambos con denominación de origen.

La población, situada en el centro de la comarca del Bajo Aragón, supera los 3900 habitantes y conserva con celo las costumbres de antaño, donde se mezcla el folclore, sus fiestas del Pilar y las celebraciones costumbristas. Pero quizá ninguna de estas tradiciones iguala en raigambre y participación popular los redobles de tambores que tienen lugar en los días de Semana Santa.

En el mediodía del Viernes Santo tiene lugar el fervoroso acto de “romper la hora”, donde cientos de tambores y bombos comienzan, al unísono, el retumbar de toques y redobles. Al instante, cuando suena la primera campanada de las doce en el reloj del Ayuntamiento, del silencio absoluto se pasa al sonido más ensordecedor. Es un ritual colectivo, misterioso, sobrecogedor y lleno de emotividad.

Los tamborileros, con la túnica morada, interpretan con el máximo ardor los toques tradicionales, algunos de ellos tan conocidos como “la marcha palillera”, “rabalera” o “el cuatrero”. Y por las calles de Calanda desfilan en procesión las Cofradías con sus bandas, la guardia romana de “putuntunes” y las hebreas y sibilas que nos recuerdan estampas bíblicas. El Jueves Santo por la noche los tamborileros suben penitentemente en vía crucis al Monte Calvario; representándose, el Sábado Santo, en la puerta de la Parroquia, el auto sacramental del “sellado del Sepulcro”. Los redobles de Semana Santa, inmortalizadas por el calandino Luis Buñuel, constituyen todos los años el centro de atención de numerosos visitantes que llegan a Calanda el Viernes Santo, no solo para escuchar y admirar los toques de los tambores, sino para conocer el entorno que inspiró al genial cineasta en su fecunda creatividad artística.

Programa de Actos

Domingo de Ramos
06:00h. Salida del coro de los despertadores
11:00h. Bendición de Ramos. Procesión de la entrada de Jesús en Jerusalén y Santa Misa
16:00h. Víacrucis al Monte Calvario
17:30h. Concentración de Cofradías en la Plaza de España
18:00h. Jornadas de Confraternización de Cofradías y Pregón de la Semana Santa

Miércoles Santo
20:15h. Traslado Solemne del Paso del Sepulcro desde el Templo del Pilar a la Parroquia de Nuestra Señora de la Esperanza

Jueves Santo
19:00h. Celebración de la Cena del Señor
24:00h. Víacrucis al Monte Calvario

Viernes Santo
07:30h. Vía Crucis de mujeres al monte Calvario
11:00h. Concentración de Tambores y bombos en la Plaza de España
12:00h. Romper la Hora
15:30h. Procesión del Pregón
18:00h. Celebración de la Muerte del Señor
20:00h. Procesión de la Soledad de la Virgen
23:00h. Reanudación de redobles

Sábado Santo
09:00h. Procesión del Santo Entierro
14:00h. Finalización de redobles, recuerdo a Mosen Vicente Allanegui
22:00h. Celebración de la Vigilia Pascual

 

“Los tambores, fenómeno asombroso, arrollador, cósmico, que roza el inconsciente colectivo, hacen temblar el suelo bajo nuestros pies. Basta poner la mano en la pared de una casa para sentirla vibrar.

La naturaleza sigue el ritmo de los tambores que se prolonga durante toda la noche. Si alguien se duerme arrullado por el fragor de los redobles se despierta sobresaltado cuando éstos se alejan abandonándolo.”

Luis Buñuel – “Mi último suspiro”

 

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