Un año más estamos inmersos en plena Cuaresma, un tiempo especial para todos los calandinos.
Semanas de ensayos y jornadas, que marcan la llegada de nuestra Semana Santa. Días que vivimos de una forma muy intensa en nuestra cofradía.
Son muchas las vivencias que los calandinos y calandinas compartimos con nuestras cuadrillas entorno al tambor y el bombo. Sin embargo, hay otros momentos que nos hacen vivir estos días de una forma íntima y especial.

Uno de los que más me gusta es el silencio que se produce el miércoles durante el Traslado del Sepulcro, solo roto por la armadura de Longinos, el tambor y el bastón del Capitán. Comienzan los actos principales.
La tarde de Jueves Santo, cuando todo el pueblo sale a la calle para recibir a los Putuntunes. Visita obligada al Monumento para ver sus cambios de guardia hasta el comienzo del Calvario.
Viernes Santo, la sensación camino de la plaza para Romper la Hora, se nota en el ambiente que algo grande va a ocurrir en unos minutos.
Llega el Pregón, mi procesión favorita. Familia. Tradición. El canto de los Pregoneros. Reencuentro de tambores y túnicas centenarias. Llegada a la plaza. Entra el Pendón. Le sigue la Mortiseca. Callan los tambores, suena el redoble infinito de la banda de La Dolorosa. Llega la Virgen, que con el sol empezando a caer la hace brillar todavía más.
Le sigue La Soledad, empieza a notarse el cansancio. Nervios en los momentos previos y satisfacción al acabar.
La noche y los piques interminables entre cuadrillas.
Sábado Santo: El Entierro. Llegada del Santísimo a la plaza acompañado por la banda de música, que hace sonar El Monón hasta erizar la piel. La Lucha, recuerdo inevitable del año que fuiste Quinto. Salida rápida hacia la General Cascajares para presenciar la despedida de los Putuntunes a La Dolorosa. Esto se acaba.
Almuerzo, bajada a la plaza y palillera. Miradas. Una más. La última. Suenan las cornetas. Padre Nuestro y fin de redobles entre abrazos. Fotos que son ya tradición.
Se termina otra Semana Santa para el recuerdo, empieza la cuenta atrás para la siguiente, si Dios quiere.
Adrian Galindo Fraga
